Los Templos de San Miguel del Monte
Desde sus origenes
Los orígenes de la ciudad de San Miguel del Monte, una de las más antiguas de la provincia de Buenos Aires, se remontan al último cuarto del siglo XVIII cuando el virrey, por orden del rey de España, envía a construir una línea de fortificaciones, teniendo como límite el río Salado. Por esa época, de todos modos, ya había vida humana por la zona.
Primera capilla:
Al nacer la Guardia del Monte con ella lo hace una capilla, dentro de los límites de la fortificación. Por entonces, fechado en la “Laguna de San Miguel del Monte”, el 19 de noviembre de 1779 el Ayudante Mayor de Frontera Sebastián de la Calle eleva al Virrey Vértiz un informe sobre el estado en que encontró las obras del fuerte. Este es el más antiguo documento histórico que alude con precisión a detalles que denuncian el propósito de establecer un vecindario. Allí le anuncia al Virrey “…Las obras de este fuerte se prosiguen con los baluartes…” y dice además “La capilla estará armada porque ayer se ha comenzado”. Y sabido es que los conquistadores, apenas trazaban el camino de cualquiera de sus fundaciones, elevaban el templo de Dios para poner su heroico esfuerzo bajo la protección divina.
De la fecha de esta misiva surgiría la fecha que se toma como fundacional de la ciudad, el 18 de noviembre de 1779.
Esta primera capilla, bajo la advocación de San Miguel y teniendo como patrona a Nuestra Señora de los Remedios, “es de 16 varas de largo y 5 y medio de ancho, techada de paja y sus paredes de quincha sin embarrar.” En la siguiente interpretación de las construcciones de la guardia se observa la capilla con el número uno, de espaldas a la laguna y en el centro de uno de los lados cortos del perímetro del fuerte.
Segunda capilla:
Durante el año 1802 el presbítero José Bernardo Ocampo procede a la reedificación del templo y altar mayor y llega a Monte la primera campana. Con el apoyo de los feligreses la capilla ya no es de barro y paja, sino de ladrillos y tejas.
El 6 de marzo de 1822 parte desde Buenos Aires una expedición a los campos del sud de aquella ciudad, al mando del coronel Pedro Andrés García y con los trabajos científicos ejecutados por el oficial de ingenieros José María de los Reyes. En su trayecto, y al llegar a estas tierras provenientes de las de Lobos, creen conveniente e interesante realizar “el plano topográfico del Pueblo del Monte y su laguna, mayormente cuando no existía un documento de esa naturaleza.” En este informe, al hablar del incipiente poblado hacen mención a lo que fue la segunda capilla de nuestra ciudad de la siguiente manera: “El monumento más mareante que le adorna es su capilla, toda hecha de ladrillo cocido, y el adorno interior, lo mejor que se encuentra en todos los pueblos de la frontera.”
De 1822 y con la firma del mencionado Reyes es el primer plano que así representa al pueblo de Monte, en el que puede observarse la ubicación de la segunda capilla en ese año. Lleva el N°3 en las referencias y se ubica en la actual calle Pinazo entre Alem y Belgrano, brindando su fachada principal hacia la plaza (hoy España – Iribarne). Cruzando la plaza, y en abierto diálogo con ella, se ubica el “Cuartel para el destacamento de los regimientos de caballería”, que lleva el N°1. A su alrededor, y teniendo como límites naturales el arroyo El Totoral y la laguna, se extendían un puñado de viviendas de lo que fue el primer núcleo poblacional de San Miguel del Monte, cuyos solares y propietarios están consignados detalladamente en sus referencias.
Esta ubicación de la capilla concuerda con los dichos de quienes aseveran que en terrenos de la entonces capilla habría habido un camposanto, debido al hallazgo de una cantidad importante de restos óseos humanos. La asociación de capilla y cementerio habría sido la costumbre de la época de la Colonia.
Siete años después del plano de Reyes, en 1829 el agrimensor y militar Feliciano Chiclana, hijo del hombre del Primer Triunvirato, realiza la delineación del Pueblo del Monte, practicada por la Comisión del Departamento Topográfico, y orden del Superior Gobierno. Su labor consistía básicamente en trazar 4 leguas cuadradas en las inmediaciones del pueblo que debían destinarse exclusivamente para la agricultura, asignar el terreno como propiedad pública y hacer un relevamiento del pueblo con sus propietarios. Chiclana encuentra “que a pesar de que se reconocía que en un principio, el proyecto de traza del pueblo había sido de formar manzanas de 80 varas de lado, pero que aquellas se encuentran en su mayor parte con irregularidad bien notable, procedente tanto de la desigualdad de sus lados, como de la falta de paralelismo en la dirección de las calles, lo que solo podría remediarse proyectando una traza que demandase la demolición de la mayor parte de las casas del Pueblo, y que por lo mismo no podría tener efecto…”
“Respecto a la plaza es de muy corta extensión” y sugiere que “se duplicase tomando parte del terreno que ocupa el Fuerte que hoy consiste en ruinas que le trataría de allanar y consigna la restante a edificios públicos.” El fuerte, al igual que Reyes, Chiclana lo ubica en la manzana comprendida entre las actuales calles Alem, Soler, Belgrano y ribera de la laguna.
En las diligencias, Chiclana, a diferencia de Reyes, no brinda ninguna información sobre la capilla. Pero si designa un terreno para ella en la misma ubicación en donde la ubicara Reyes 7 años antes.
Cuando se festeja la asunción del Gobernador Viamonte, la misa debe celebrarse en un altar portátil porque la capilla no puede utilizarse y según el “Carancho” González, lugarteniente de Juan Manuel de Rosas, debería considerarse inexistente debido a su estado.
Sumando estos datos se infiere que, si bien en 1822 Reyes ve una capilla con “el adorno interior, lo mejor que se encuentra en todos los pueblos de la frontera”, González la considera “inexistente debido a su estado” y finalmente Chiclana asigna el mismo sitio donde se encontrara la segunda capilla a la nueva iglesia, es tal vez, porque la encontrada en 1822 para el año 1829 ya estaría en ruinas, debido quizás, al modo y materiales de construcción.
De todos modos, en ambas fechas, la segunda capilla, hermosa o considerada, posteriormente inexistente, se ubicaba en Pinazo entre Alem y Belgrano.
Tercera iglesia:
En el sitio donde según Chiclana se ubicaba la Maestranza, depósito de armas, referenciada en su plano con el N°2, el 25 de mayo de 1831 se inaugura la nueva parroquia, para la cual “el Carancho” había solicitado a Rosas, el 25 de marzo anterior, cal para blanquearla. También dice que es de ladrillos, tiene techo de tejas a dos aguas y campanario pequeño al frente. Su ubicación, Alem entre Soler y Pinazo, en otro de los laterales de la plaza España-Iribarne, en el solar donde hoy, año 2025, funciona la Escuela N°16.
El 1 de junio de 1832, Rosas decreta que vayan a la iglesia los dineros que se recauden por multas. El 6 de junio cae un rayo en la nueva iglesia y se produce un incendio. El 30 de agosto una lluvia torrencial hace caer el pórtico que ya había sido dañado por el rayo anterior.
Datos posteriores indican que el 2 de septiembre de 1842, en la sacristía de la iglesia, muere asesinado violentamente el cura Pedro Rodriguez.
Esta iglesia habría subsistido hasta el año 1867, en que se terminó de construir la actual.
Investigaciones arqueológicas realizadas en los inicios del nuevo milenio por las arqueólogas María Inés Casadas y María Eugenia Peltzer tanto en el patio como en el exterior de la Escuela N°16 de la ciudad de San Miguel del Monte, descubren, entre otros, diferentes cimientos correspondientes a la Iglesia de la Divina Pastora de Monte y de la Maestranza de la Guardia del Monte que funcionaron en ese predio entre los siglos XVIII y XIX.
Hasta aquí, las tres primeras capillas o iglesias se han ubicado en distintos frentes de la actual plaza España-Iribarne (ex Virrey Vértiz), la plaza fundacional de la ciudad, donde todo se originó, donde la historia de Monte comenzó.
Cuarta iglesia:
El arquitecto e historiador Fabio Grementieri fundamenta que a fines del siglo XIX y principios del XX la arquitectura pública a nivel nacional, provincial y municipal tuvo un período de gran importancia en la conformación de Argentina. Estos edificios llevaron consigo la representatividad de nuevos ideales que habían dado surgimiento a la Revolución de Mayo y a la Declaración de la Independencia. En suma, era una arquitectura que expresaba la Nueva Nación.
Dentro de este contexto nacional, Monte no fue la excepción. A pocas cuadras de la plaza fundacional se abre un nuevo espacio público, la plaza Adolfo Alsina, con funciones cívica y religiosa, con gran predominio actual de comercios. En uno de sus frentes se levanta en 1870 la Casa Municipal que en 1937 sería reemplazado por un moderno Palacio Municipal.
También sobre esta nueva plaza se construye el cuarto templo de la ciudad, el que aún podemos disfrutar, en la esquina de Yrigoyen y Giagnacovo. De este modo, a medida que el pueblo se fue desarrollando y creciendo, las iniciales y simples construcciones para la fe, se alejaron de la laguna y del casco histórico fundacional, creciendo en tamaño hasta llegar a ser el gran Templo de hoy con sus tres naves, alta torre central y espacioso atrio.
El actual templo se comenzó a construir el 27 de octubre de 1863, según relata Sandro Olaza Pallero en su libro “Historia de la parroquia de San Miguel del Monte (1774-1939)”. Allí también se consigna que el tesorero de la comisión encargada de su construcción dice que “Los constructores maestros Jaime Bertrand y Juan Rafuls terminan la construcción alrededor del mes de septiembre de 1867”. Los planos fueron confeccionados por Manuel Raffo y los arquitectos Henry Hunt y Hans Schroeder.
Olaza Pallero dice “en la plaza, el templo parroquial emergió su mole que recuerda el perfil de una estancia, mientras su torre central con su cúpula azulejada parece repetir los colores del cielo”.
Cabe recordar al cura párroco don Pedro Borserio quien, en el año 1869, mediante una suscripción entre el vecindario, dota a la iglesia de altar mayor y púlpito de que carecía.
El párroco Juan Capizzano es quien mejoró el templo y, con su donación, construyó la Casa Parroquial en 1888, que está orientada en ángulo con respecto al templo, cierra el atrio y desciende a él con su escalera que se abre como en gesto de invitación, formando entre ambos una unidad arquitectónica.
El amplio atrio estuvo contenido, sobre la línea municipal, con pilares de mampostería intercalados con hermosa y fuerte herrería, añadiendo un espacio intermediario de categoría. Estas rejas habrían sido removidas en el año 1935, según recuerdos. Se desconocen los motivos y su paradero.
Parroquia y Casa Parroquial. Fuente: Luis Zemborain.
Su estilo, Neorrenacentista italiano que se evidencia en el ordenamiento con base, desarrollo y cornisamiento, pilastras, arcos de medio punto y los llamativos piñones de las esquinas. El templo presenta un volumen piramidal de tres cuerpos escalonados con campanario central y cupulín.
El campanario está compuesto por cuatro campanas: la principal al frente donada también por Capizzano, “rector de las almas de este fuerte de Monte”, en 1890, donación que consta en su superficie con finos bajorrelieves. Debajo del cupulín, que posee bóveda de arista, un reloj a cuerda de origen inglés. El mismo es de cuatro caras cubiertas por vidrio y se dice que es el segundo en su tipo que llegó a estas tierras.
Cuenta con tres naves, la principal, más alta y con claristorios que permiten el ingreso de la luz, está separada de las laterales por una sucesión de gruesos pilares y arcos de medio punto. En lo alto y sobre el acceso, el espacio para el coro.
La nave principal rectangular posee un cielorraso plano de madera que reemplazó al cielorraso original formado con pinturas con la técnica marouflage (pintura sobre tela y luego pegada en el techo), reemplazo ocasionado por deterioros por humedad.
El retablo cuenta con cuatro columnas con capiteles corintios. La hornacina central muestra una escultura de San Miguel Arcángel venciendo al dragón que representa el mal. Lo custodian la virgen María y San José con el Niño. Hacia arriba, una imagen de Cristo resucitado. Su remate es en forma de arco.
En la fachada principal flanqueando la puerta central, dos aberturas con dintel de medio punto, herrería y vidrio coloreado, coronan sendas berenguelas (piedra semejante al mármol de mucha transparencia) que permiten el paso de la luz, obstaculizando la visión, contribuyendo así al ambiente de recogimiento interior.
Entre 1962 y 1964 se hizo una importante obra de restauración edilicia, tareas llevadas a cabo por la Comisión Pro-Reparación del Templo de Monte. Mediante el proyecto de dotarla con obras de arte siguiendo la tradición milenaria de la Iglesia Católica, tradición que ha recogido el Concilio Vaticano II en sus pautas, tal Comisión, (como consta en sus documentos comprobatorios) depositados en la Casa Parroquial la Comisión deja cuatro óleos de amplias dimensiones destinados a colocarse en los lienzos de muro de la nave lateral derecha del templo; representan diferentes escenas presididas por el patrono de Monte, San Miguel, y de la mano de los pintores Raúl Soldi, Horacio Butler y Héctor Basaldúa. Mientras los dos últimos colaboraron con una tela cada uno, Soldi lo hizo con tres.
Estas importantes obras fueron encargadas especialmente para la iglesia de Monte, con las medidas, técnicas y motivos indicados de antemano y para ser colocadas en el sitio respectivo y correspondiente a una planificación general que los artistas han respetado. Estas incorporaciones contaron con un subsidio especial del Fondo Nacional de las Artes, y fueron expuestas en la Galería Bonino de Buenos Aires para lo cual esta cedió generosamente sus salas.
“San Miguel”, Héctor Basaldúa.
Estas imágenes fueron tomadas de una publicación del diario La Nación, con fecha 27 de noviembre de 1966, con texto de Carlos Alfredo Zemborain.
Entonces también se incorporaron al acervo del templo 14 estaciones del “Camino de la Cruz”, medallones en cerámica vidriada, realizadas por el arquitecto y escultor Carlos de la Cárcova. Estas obras tampoco se encuentran colocadas en el templo.
Asimismo, se fundió una tapa para la pila bautismal en bronce con decoraciones alusivas a Monte y centralizadas con la imagen de San Juan Bautista, realizada por Esther Barugel. La pila está confeccionada en mármol y, en su contorno, en letras rehundidas y doradas, se puede leer la siguiente inscripción: “Ofrenda a la Iglesia de Nuestro Señor del Monte por gratitud del español Iose Gestal”.
Pila Bautismal y detalle de su riquísima tapa en bronce. Fuente: Margarita Berdina.
Declaratorias
Un siglo de vida tenía la Iglesia de Monte y su estado era ruinoso, cuando don Alfredo I. Zemborain, poco antes de su desaparición, decide donar cierta suma de dinero para su reparación. Este hecho fue el puntapié inicial para la formación de la Comisión Pro-Reparación del Templo de Monte, quien de inmediato puso su mayor empeño en conseguir donaciones entre vecinos, estancieros, comerciantes y feligreses del partido, ya que el programa de obras era enorme dadas las dimensiones del Templo y las numerosas deficiencias que presentaba.
Las importantes y numerosas obras se llevaron a cabo con total seriedad y responsabilidad, tanto en lo edilicio como en la parte contable.
El presidente de tal Comisión fue el arquitecto Carlos Alfredo Zemborain, hijo del entusiasta Alfredo, quien comenzara con este enriquecedor compromiso. Y es precisamente Carlos Alfredo quien eleva, el 3 de enero de 1969, la solicitud a la Comisión Nacional de Monumentos y Lugares Históricos, para que la parroquia, atrio, jardín interior y casa parroquial, sean declarados Monumento Histórico Nacional, objetivo que se plasma mediante el decreto 5.238/69 del 12 de septiembre de 1969.
El 12 de marzo de 1973, mediante decreto 1844 se deroga el decreto de declaratoria anterior y deja de ser Monumento Nacional por su supuesta condición de inseguridad.
Finalmente, desde el 31 de octubre de 1980, esta joya arquitectónica con inmenso recorrido histórico recobra su declaratoria, conservándola hasta hoy.
Mediante la ley 11.242 la provincia de Buenos Aires declara a la Iglesia Parroquial de San Miguel del Monte como Monumento Histórico Provincial, adhiriendo así a la declaratoria nacional.
La Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico, Cultural y Natural Montense y el decreto municipal 2.322 del 25 de noviembre de 2021 han declarado a la Iglesia y Casa Parroquial como Bien de Valor Patrimonial.
De esta manera se cuenta la historia del templo que es el único ejemplar que perdura en su sitio original como evocación de un pasado que se distinguió por su coraje y aguerrido temple patriótico, estando a buen resguardo ante la amenaza del acelerado progreso edilicio de las ciudades bicentenarias que va destruyendo las construcciones típicas.
Galería de Imágenes
- F. Sánchez Zinny. La guardia de San Miguel del Monte. 1580-1830.
- Diario de la expedición de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires, desde Morón hasta la Sierra de la Ventana; al mando del coronel don Pedro Andrés García con las observaciones, descripciones y demás trabajos científicos, ejecutados por el oficial de ingenieros don José María de los Reyes.
- Dirección de Geodesia de la provincia de Buenos Aires. Diligencia de la delineación del Pueblo de la Guardia del Monte y su ejido, por el agrimensor Feliciano Chiclana, en diciembre de 1829.
- Comisión Pro-Reparación Templo de Monte. 1962-1964, Reparación del templo de la Guardia de San Miguel del Monte.
- Carlos A. Zemborain. Monte: Historia y Arte. Separata del boletín del Instituto bonaerense de Numismática y Antigüedades (Número 12, año 1981).
- Luis Zemborain.
- Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos. Monumentos históricos nacionales de la República Argentina.
- Sandro Olaza Pallero. Historia de la parroquia de San Miguel del Monte (1774-1939).
- Miguel Ángel Fabiano. Monte, cuna de Rosas.
- María Inés Casadas, María Eugenia Peltzer y Nelly Prieto, “Análisis Interinstitucional sobre Materiales Constructivos provenientes del Sitio Arqueológico Escuela Nº 16 de San Miguel del Monte, Provincia de Buenos Aires”.


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