El solar de don Zenón Videla

Dirección:
Calle Giagnacovo y Pinazo

“EL SOLAR DE DON ZENÓN VIDELA”

Contexto:

      Iniciando la búsqueda desde el plano de 1822, el primero conocido de la Guardia de San Miguel del Monte, el propietario del solar protagonista de esta recopilación, en ese año, y el primero documentado, fue don Zenón Videla, quien portaba uno de los más ilustres apellidos que nos rondan en las calles, monumentos y edificios de nuestro pueblo y partido, debido esto a su enorme hacer para con Monte. Allí figura con la referencia N°10 y una construcción de no muy extensas dimensiones, sobre la calle Pinazo entre Alem y Giagnacovo, más cercana a esta última.

Primer plano de la Guardia de San Miguel del Monte, levantado en 1822 por José María Reyes.

     Con posterioridad, el agrimensor don Feliciano Chiclana, hijo del hombre de Mayo, en 1829, por pedido del General don Juan Manuel de Rosas, procede al delineamiento del pueblo del Monte. Este “delinear” no significaba trazar desde cero o diagramar, sino hacer un levantamiento de lo que ya se emplazaba por estos lares. Se encuentra con manzanas muy irregularidad y calles que distan mucho de ser paralelas. En ese plano quedan designados los solares que han de servir para edificios públicos y uno para plaza. El espacio para plaza es el que hoy ocupa la plaza España-Iribarne. El proyecto supone la completa demolición del antiguo fuerte, que encuentra “arruinado”.

     Aquel plano también detalla la nómina de 75 vecinos que habitan cada solar, entre los que se destaca, don Vicente González, uno de los amigos más leales y estimados de Rosas. Con el número 24 de ese listado figura Doña Josefa Sosa, en un solar ubicado en la actual calle Giagnacovo y Pinazo, esquina Noreste. Este solar coincidiría con el anteriormente mencionado como de don Zenón Videla, solo que aquí la construcción que se consigna en el plano se ubica sobre la calle Giagnacovo, habiendo desaparecido la antigua consignada a Videla.

     Si la construcción actual que se encuentra en esta esquina fuese la original de Doña Josefa Sosa, su construcción sería anterior a 1829, fecha del plano de Chiclana, con lo que su edad rondaría, estimativamente, los 200 años. Pero, ¿sería la casa de doña Josefa un rancho, predecesor de la maciza construcción actual? Quizás esta teoría sea la más acertada debido al tipo de construcción mucho más efímera que imperaba por aquella época.

     Más allá de los primeros moradores de este cuarto de manzana, este es el solar del cual trataremos de esbozar su pequeña o gran historia.

Plano Topográfico del Pueblo de Monte levantado en 1829 por el Agrimensor Feliciano Chiclana.

     Hablemos del sistema parcelario. La concepción indiana, consistente en la división de la manzana en cuartos, se mantuvo, a través de los instrumentos legales, hasta bien entrado el siglo XIX, pues aún la Ley de Ejidos de 1870 admitía el cuarto de manzana como dimensión máxima. Con esta división era característico que se consolidaran las esquinas, con construcciones dedicadas mayoritariamente a viviendas, aunque también las esquinas, favorecidas por su visual privilegiada, también solían emplearse para la instalación de comercios típicos, tales como almacenes de ramos generales entre otros. En sus orígenes, los gobiernos vendían estos generosos solares a efectos de favorecer el asentamiento de nuevos habitantes en los incipientes poblados. La construcción que aquí nos convoca es un claro ejemplo de lo antes descripto.

La Casa

    Esta casa, que hace años perteneció a la familia Neyra, comprendía un solar de mayor extensión que el actual y con el tiempo ha ido subdividiéndose y adaptándose a los nuevos modos de parcelamiento, tal como sucede en la mayoría de los solares. Si observamos las cornisas de coronamiento de muchas de las construcciones más antiguas de nuestro casco histórico, notaremos que ellas engloban una gran cantidad de espacios inferiores de diversos usos que contienen diferentes colores, toldos, cartelería, dimensiones y tipos de aberturas, verificando el parcelamiento de menores dimensiones de hoy en día.

     Luego de la familia Neyra, perteneció a los Innaco. Posteriormente, a la firma de Mariano Acosta y, más tarde fue adquirida por el padre de Raquel Iriarte, hasta llegar a los propietarios y moradores actuales.

     La casa luce orgullosa sus gruesas y altísimas paredes de ladrillos comunes asentados en barro, sin revoque en su fachada externa que ostenta un friso inferior revocado color ocre anclando la construcción firmemente al suelo, pilastras y cornisas con importantes molduras, lo que le confiere una impronta italianizante y una serena elegancia.  Las aberturas de la parte antigua de la construcción son originales, de abrir, de madera, con banderola superiores, postigos interiores y rejas en las ventanas. A la importante puerta principal se accede mediante dos hermosos escalones de mármol. En su interior, tiene una puerta cancel que da fin al originalmente, zaguán de acceso. La hilera de habitaciones que conforma la línea municipal sobre ambas calles, sector original de la casa que aún está en pie, conserva vigorosos sus pisos de pinotea sobre cámaras de aire, ventiladas por trabajadas rejillas de hierro, que se pueden observar desde la calle.

     El antiguo muro que da cierre al patio lateral sobre la calle Giagnacovo corona su límite superior son ladrillos de plano generando un chaflán hacia adentro. Este recurso aún se observa en muchos muros de la ciudad, muros que, desnudos o incluso con los revoques actuales, dejan ver su forma de construcción, su materialidad y detalles.

Hoy

   En los últimos años esta vivienda ha crecido en superficie y ha contado con modificaciones que permitieron su adaptación a las necesidades modernas, pero de ningún modo se ha puesto en riesgo el espíritu de la edificación original. Hoy su función original no ha cambiado y continúa albergado a una familia. Mediante la firme y acertada decisión de sus actuales propietarios, la casa original ha preservado su materialidad, sus formas, sus dimensiones, su lenguaje, y así, su historia, su mensaje, contribuyendo esto a la preservación de la rica fisonomía de este histórico pueblo. Con los recursos utilizados en su última restauración se ha logrado una puesta en valor realmente importante que prioriza el respeto a los antepasados.

Para Pensar

     De nada serviría conservar bienes y conocer sus historias si no los comprendemos con una mirada mucho más abarcativa y envolvente, que incorpore siempre a las personas que lo viven, lo transitan, lo utilizan, sin olvidar a quienes lo hicieron, le dieron forma, quienes están presentes en la lectura de un edificio y fueron indispensables en la construcción de los pueblos.   
  • Diario de reconocimiento de las guardias y fortines que guarnecen la línea de frontera de Buenos Aires para ensancharla. Félix de Azara, 1796.
  • Diario de la expedición de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires, desde Morón hasta la Sierra de la Ventana, al mando del coronel Pedro Andrés García con demás trabajos del oficial de ingenieros José María de los Reyes, 1822.
  • Geodesia de La Plata.
  • Vecinos montenses.
  • Fotografías propias.

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